lunes, 12 de octubre de 2026

El transporte frigorífico no llega a la electrificación: 27.000 camiones frente a 400.000 para 2030

El transporte frigorífico europeo se enfrenta a una carrera contra el tiempo para transformar sus flotas. El sector maneja una cifra que resume la magnitud del reto: alrededor de 27.000 camiones eléctricos circulan actualmente frente a una necesidad estimada de 400.000 unidades en 2030 para avanzar hacia los objetivos europeos de reducción de emisiones. La distancia entre ambas cifras centró buena parte del debate de la primera mesa internacional de la 49ª Asamblea General de ATFRIE, que se celebra en el Hotel Meliá Villaitana de Benidorm.

La mesa reunió diferentes visiones del transporte frigorífico europeo. En ella participaron Roberto Parrillo, representante de la European Transport Workers’ Federation (ETF); Dirk Saile y Didier Michel, de Transfrigoroute International; Denis Bertin, del grupo francés Jacky Perrenot, y Alberto Riboni, de RIBONI RBN srl. La composición permitió abordar la situación desde la perspectiva sindical, asociativa y empresarial y analizar los problemas que afectan a un sector esencial para garantizar el suministro de alimentos y mercancías a temperatura controlada.

La electrificación apareció como uno de los principales puntos de preocupación. El transporte pesado necesita una transformación tecnológica que permita cumplir los objetivos europeos, pero las cifras manejadas durante la mesa evidencian el desfase entre las exigencias de descarbonización y la situación actual del parque.

Según se expuso, Alemania cuenta con una penetración del vehículo eléctrico superior a otros mercados europeos, pero incluso en este país el ritmo de renovación sería insuficiente para alcanzar los objetivos planteados. Durante el debate se señaló que sería necesario multiplicar de forma muy importante el número de camiones eléctricos para aproximarse a las metas de 2030.

El problema para las empresas no es únicamente disponer del vehículo. La renovación de una flota frigorífica implica inversiones elevadas y exige disponer de una red de recarga adecuada, además de soluciones capaces de responder a las necesidades del transporte internacional de larga distancia. En este segmento, autonomía, tiempos de recarga, disponibilidad de infraestructura y precio de adquisición condicionan directamente la rentabilidad de las operaciones.

Conductores, gasóleo y aparcamientos agravan la presión sobre las empresas

La transición energética se produce además cuando el transporte frigorífico afronta otros problemas estructurales. La falta de conductores constituye uno de los principales cuellos de botella del sector. Durante la mesa se manejó una necesidad de alrededor de 300.000 profesionales en Europa, con Alemania como uno de los países más afectados. Las jubilaciones y la dificultad para incorporar trabajadores jóvenes están reduciendo progresivamente la disponibilidad de conductores.

El problema se extiende también a las condiciones en las que desarrollan su actividad. La escasez de aparcamientos seguros para camiones dificulta la organización de las rutas y afecta a los periodos de descanso de los profesionales. Para el sector, la construcción de una red suficiente de áreas seguras forma parte de las medidas necesarias para garantizar la continuidad del transporte europeo.

A ello se suma el comportamiento de los carburantes. La subida del precio del gasóleo y su volatilidad tienen un impacto directo en las cuentas de las compañías, mientras que los transportistas encuentran dificultades para repercutir inmediatamente los incrementos a sus clientes. Los plazos de pago de 30 y 45 días provocan un desfase entre el momento en que aumenta el coste y aquel en el que la empresa puede recuperar ese incremento mediante sus tarifas.

Desde Francia se puso también el foco en el impacto que el encarecimiento del combustible está teniendo sobre el poder adquisitivo y sobre los costes empresariales. La presión se añade a una transición energética que obliga a invertir en nuevas tecnologías cuando todavía no existe una alternativa eléctrica plenamente disponible para todas las rutas y servicios.

El debate internacional de ATFRIE puso así sobre la mesa una cuestión que afecta al conjunto de la cadena logística: Europa está elevando la exigencia medioambiental mientras el transporte frigorífico necesita todavía inversiones, infraestructuras y profesionales para poder asumirla.

El sector reclama que las diferentes administraciones acompañen la transición con financiación, puntos de recarga, aparcamientos seguros y un marco regulatorio que permita a las empresas planificar la renovación de sus flotas. Porque el reto no consiste únicamente en sustituir camiones diésel por eléctricos: se trata de hacerlo sin poner en riesgo la competitividad de unas empresas que garantizan diariamente que los productos lleguen a los supermercados y centros de distribución en las condiciones exigidas.

En esta la segunda mesa estaba prevista también la participación de Carlos Prades, presidente de la Federación Valenciana de Empresarios del Transporte y la Logística (FVET), que finalmente no pudo asistir por un imponderable de última hora y se disculpó con el presidente de ATFRIE, José María Arnedo. La mesa contó con Javier Arnedo, del Comité Nacional del Transporte por Carretera (CNTC) y CONETRANS; Carmelo González Sayas, de CETM; Carlos Folchi Tarragona, de FENADISMER; Víctor Manuel González, de FETRANSA, y José María Arnedo Medina, presidente de ATFRIE.

La asamblea la cerró el director general de Transportes de la Generalitat Valencia, quien sustituyó al conseller Martínez Mús, y el presidente de Atfrie anunció la próxima asamblea para el 10 de septiembre en Valencia en 2027.

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