Hay sectores de nuestra economía que solo recordamos cuando dejan de funcionar. El transporte frigorífico es uno de ellos. Mientras los alimentos llegan a los supermercados, los restaurantes, los hospitales o nuestras casas, apenas reparamos en la compleja maquinaria empresarial y humana que existe detrás.
Pero cuando esa maquinaria se detiene, comprendemos rápidamente su importancia. En Benidorm, ATFRIE ha puesto sobre la mesa una realidad que merece mucha más atención: el transporte frigorífico sostiene una parte esencial de nuestra vida cotidiana y, sin embargo, trabaja sometido a una presión creciente.
La presencia de Toni Pérez, alcalde de Benidorm y presidente de la Diputación de Alicante, en la apertura de la asamblea tuvo precisamente ese significado institucional. No era una reunión empresarial más. Era la fotografía de un sector estratégico que reclama ser escuchado. Y la clausura, a cargo del director general de Transportes y Logística de la Generalitat Valenciana, Manuel Ríos Pérez, completó esa interlocución entre quienes toman decisiones y quienes tienen que aplicarlas sobre la carretera. Más importante fue la asistencia en toda la asamblea de Nuria Lacaci, secretaria general de la Asociación de Cargadores de España.
Una transición que no puede hacerse de espaldas a la carretera
Hay algo que conviene decir alto y claro: el transporte frigorífico no está contra la transición energética. Todo lo contrario. Las empresas saben que el futuro pasa por reducir emisiones, mejorar la eficiencia y avanzar en nuevas tecnologías. Lo que cuestionan es que se diseñe ese futuro sin mirar las condiciones reales en las que trabajan.
Porque una cosa es legislar desde un despacho y otra muy diferente es poner un camión frigorífico en una ruta internacional. Las baterías pesan, la autonomía condiciona, las estaciones de recarga de alta potencia todavía no forman una red suficiente y el vehículo frigorífico tiene además que garantizar la temperatura de la mercancía durante todo el trayecto. No basta, por tanto, con anunciar objetivos de descarbonización. Hay que construir las condiciones para que esos objetivos puedan cumplirse.
Y mientras llega ese futuro, las empresas tienen que afrontar el presente: combustible, energía, mantenimiento, neumáticos, salarios, vehículos, digitalización y nuevas obligaciones administrativas. La llamada cláusula del gasóleo o la acción directa son herramientas importantes, pero difícilmente pueden convertirse en el remedio universal para un sector sometido a una permanente montaña rusa de costes.
Hay, además, un dato que merece ser destacado: alrededor de 300 representantes participaron en Benidorm en una Asamblea que consiguió sentar en torno a la misma mesa a buena parte del transporte organizado, pero también a otros protagonistas de la cadena.
La presencia de Nuria Lacaci, secretaria general de la Asociación de Cargadores de España, aporta precisamente esa perspectiva que a veces falta cuando se habla de transporte: la cadena logística no termina en el camión y tampoco puede funcionar si cada uno de sus eslabones aborda sus problemas de manera aislada. Transportistas y cargadores pueden tener intereses diferentes, pero comparten una misma necesidad de que la actividad sea sostenible y económicamente viable.
El conductor no puede ser el olvidado
Pero si algo quedó claro en Benidorm es que detrás de cada camión hay una persona. Y ahí aparece quizá el problema más serio de todos: la falta de conductores y el escaso relevo generacional.
Podemos hablar durante horas de electrificación, inteligencia artificial, documentos electrónicos o nuevas tecnologías, pero alguien tendrá que seguir conduciendo los camiones que transportan los alimentos y ojo en el nuevo muno de las autopistas ferroviarias, que apoyo y reconozco mérito, el camión no desaparece sino se transforma para nuedos nodos. El tren llega hasta donde llega y el camión hasta donde no lleva modo tren..
Dignificar esa profesión no puede quedarse en una declaración institucional. El debate sobre la edad de jubilación, las condiciones laborales o la prohibición de que los conductores asuman tareas que no les corresponden forma parte de una misma cuestión: reconocer el valor de quienes mantienen funcionando la cadena alimentaria.
ATFRIE sale de Benidorm con una apuesta evidente por la unidad. Y quizá esa sea la mejor noticia de la asamblea. Un sector históricamente fragmentado entiende que, frente a una regulación europea cada vez más exigente, dividirse significa perder capacidad de interlocución. Y se recordó que las patronales del transporte, donde también hay un Arnedo, se ha logrado reivindicaciones para el sector.
En mayo, durante el 20º Congreso Nacional de CETM en Gijón, el presidente de la confederación, Carmelo González, anunció la adhesión de ATFRIE para integrar al transporte frigorífico dentro de la estructura de CETM y «aunar fuerzas».
La 49ª Asamblea de ATFRIE ha servido ahora para visualizar y reforzar esa colaboración. En Benidorm se sentaron en la misma mesa los presidentes de ATFRIE, CETM, Fenadismer, Fetransa y otras organizaciones, junto al Comité Nacional. El mensaje común fue la necesidad de una voz más sólida y coordinada del transporte ante Gobierno y Brusela
La próxima parada será El Puig de Santa Maria, el 10 de septiembre de 2027, con la 50ª Asamblea General y el IX Congreso Nacional. Allí habrá que comprobar si las reivindicaciones de Benidorm se han transformado en respuestas.
Porque el futuro puede ser eléctrico, digital y sostenible. Pero antes tendrá que seguir siendo posible.
Y hay otra lectura que deja esta Asamblea: muchos de los problemas que se discutieron en Benidorm ya no tienen una solución exclusivamente nacional. La falta de conductores, los aparcamientos seguros, las diferencias laborales y fiscales, la carga y descarga o la transición energética afectan a un transporte que cruza fronteras todos los días. De ahí la importancia de que ATFRIE haya abierto una mesa internacional y plantee la necesidad de avanzar hacia unas condiciones más homogéneas en Europa. El reto ya no es únicamente conseguir que el transporte frigorífico sea escuchado en España, sino que su realidad forme parte de las decisiones que condicionarán el futuro de la logística europea.



