Valencia ha culminado unas Fallas 2025 que, aunque lastradas por contratiempos meteorológicos y organizativos, han reafirmado la pasión de los valencianos por su fiesta grande. Esta edición será recordada por un cúmulo de retos y, al mismo tiempo, momentos inesperados que marcaron la diferencia.
La meteorología, a su vez, no dio tregua en gran parte de los días festivos. Varias actividades tuvieron que ser suspendidas a causa de la lluvia, y la Ofrenda quedó grabada como una de las más frías y lluviosas en la memoria reciente, aunque el fervor y la devoción evitaron que el desfile fuera cancelado. La alcaldesa de Valencia, María José Catalá, que desfiló por primera vez en la Ofrenda detrás de la Fallera Mayor, reconoció las inclemencias de las lluvias, aunque decidieron entrar en la plaza de la Virgen sin paraguas. En declaraciones a los medios, también mencionó el aumento de la incautación de material pirotécnico de una «potencia importante». «Tenemos cosas que reflexionar» reconoció. Para la alcaldesa han sido unas fallas «sanadoras».
El día de San José, cayendo en miércoles y con un festivo limitado a la Comunitat Valenciana y la Región de Murcia, atrajo menos visitantes de lo esperado. En contraste, el sábado 15 fue un respiro, con una masiva afluencia gracias a una breve tregua meteorológica.
Entre las ausencias más comentadas, destaca la del president de la Generalitat, Carlos Mazón, quien evitó el balcón del Ayuntamiento durante las mascletàs y actos de la calle, refugiándose en el Palau de la Generalitat. No obstante, sin tener agenda oficial, sí que asistió a la cremà de la falla del Ayuntamiento. Según voces críticas, el temor a enfrentarse a una ciudadanía descontenta por su discutida gestión de la dana de octubre de 2024 podría haber sido el motivo de su retirada de los actos más visibles. Tampoco nos visitó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (el argumento de Moncloa es que el balcón se visita cuando se está en la oposición y la ministra de Ciencia y exalcaldesa de Gandia, Diana Morant, ha hecho las veces de representante del Ejecutivo durante estos días) ni el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, que sí lo ha hecho en otras ocasiones.
Artísticamente, Na Jordana recuperó un lugar en el podio de la Sección Especial, mientras que El Pilar sigue buscando el ansiado oro. L’Antiga y Convento Jerusalén, confiados en Beitia y Llongo, respectivamente, consolidaron su buena reputación y el compromiso para 2026.
La mayor sorpresa llegó el día de la Cremà, con la inesperada visita de Felipe VI. En un gesto que muchos interpretaron como un guiño a las zonas afectadas por la barrancada otoñal, el monarca se desplazó de forma privada al municipio de Torrent para departir con los vecinos de dos fallas. Su itinerario incluyó una comida en un restaurante de Aldaia y su debut en la plaza de toros de la Calle Xàtiva, disfrutando de una tradicional tarde taurina.
Estas Fallas han puesto de relieve la resiliencia de una fiesta que, incluso en tiempos adversos, no pierde su esencia. Sin embargo, los retos persisten: garantizar la seguridad frente a los excesos de los petardos ruidosos y los comportamientos incívicos, superar la barrera de los 120.000 falleros censados, y decidir si en 2026 se volverán a quemar 9,2 millones de euros en monumentos. Valencia concluye esta edición con la llama encendida, confiando en que, pase lo que pase, las Fallas siempre renacerán con fuerza. ¡Adiós invierno, hola primavera!
Imagen: Cremà de la falla infantil municipal. Archivo del Ayuntamiento de Valencia.