Este martes de ha celebrado la segunda sesión de la Comisión de Investigación por las efectos de la dana del 29 de octubre en el Senado. En este sentido, la senadora del Grupo Parlamentario Popular, María Jesús Bonilla, se centrado en las cuestiones técnicas en la comparecencia del arquitecto Julio Gómez-Perretta.
La senadora deja claro que “el espíritu y el objetivo de esta Comisión es analizar con expertos lo que ocurrió y cuáles fueron los factores que desencadenaron, que en un momento determinado el mismo fenómeno, en algunos sitios no produjera inundaciones y en otros sitios, como en el Barranco del Pollo, se produjera una terrible tragedia”, según recoge un comunicado de los ‘populares’ consultado por este digital.
Tras escuchar al experto, opina que “queda claro que el día 29 de octubre se evidenció que, ante catástrofes como la dana, las infraestructuras salvan vidas”. “Donde había infraestructuras, se evitó la catástrofe. Donde no había infraestructuras adecuadas, no se evitó la catástrofe”, recalca.
Pide “ser capaces de apartar la política y centrarnos en el objeto de la Comisión. Por eso, los primeros comparecientes son los técnicos, porque esto no trata de políticas, trata de personas y de la responsabilidad que tenemos de acometer todas aquellas actuaciones y todas aquellas infraestructuras, hidráulicas y no hidráulicas, que puedan minimizar la vulnerabilidad de los ciudadanos con igualdad en todos los territorios”, añade.
Hace hincapié en las palabras del arquitecto, que ha recalcado que la zona “era muy vulnerable” y recalca que “no podemos consentir esa desigualdad y, por, tanto, tenemos que proteger a todos los ciudadanos y hemos de hacerlo con rigor y con seriedad”. “En la reconstrucción hemos de tener en cuenta la previsión de informes como el Plan Sur, controlar muy bien hacia dónde crecemos y cómo crecemos”.
Por su parte, el arquitecto Gómez-Perretta, que es hijo de uno de los promotores del Plan Sur de Valencia, que modificó el cauce del Turia tras las inundaciones de 1957. “La idea no sólo era el desvío del río, si no enfocar el crecimiento de la ciudad hacia el noroeste, hacia una de secano más alta y con menos riesgo, y demostración palpable de que, efectivamente, esta solución estructural ha salvado a la ciudad y salvó muchas vidas el pasado 29 de octubre”, remarca.
Explica que, con Mariano Rajoy en el Gobierno, se aprobó el eje del río Júcar y dentro de él están previstas las obras necesarias para el barranco del Poyo, que quedaron en suspenso tras la moción de censura de 2018, con la que Pedro Sánchez llegó al Gobierno.
Ya en 2004 hay un principio de encauzamiento del barranco, que también se denomina también barranco de Chiva o de Torrente. “Con estas obras que estaban contempladas en su conjunto, creo que no hubieran llegado 3.000 metros cúbicos al Poyo y, no se habrían evitado inundaciones pero la catástrofe sería completamente distinta”, remarca.
Señala el riesgo de que “si estos proyectos que definimos como urgentes y estructurales, se postergan para evitar que se califiquen de cálculo político, estaremos cometiendo un gran error. Habrá de ser franco con la población y decir: esto tiene arreglo y tiene posibilidades”.
Considera que la tarde de la catástrofe se produjo una gran confusión”, que derivó en el caos y afirma que “se hace necesaria la revisión del Estado de las autonomías para este tipo de situaciones y, ante catástrofes de esta magnitud, tiene que haber un centro nacional de emergencias, que tome el mando”.