El secretario general de la Unió Llauradora, Carles Peris, ha alertado en El Intercafé sobre las posibles consecuencias negativas de las políticas comerciales implementadas por el gobierno de Donald Trump, especialmente los aranceles impuestos a productos agrícolas, y cómo estos afectan al sector primario valenciano.
Peris subrayó que el impacto de las medidas arancelarias podría ser devastador para las exportaciones de la Comunidad Valenciana hacia Estados Unidos, un mercado clave para el sector agrícola. «Con el foco de inicio, ya tenemos una incertidumbre alta porque exportamos a EE.UU. alrededor de 366 millones de euros en valor, y es un mercado importante», señaló Peris, enfatizando la relevancia de este mercado.
El dirigente agrario destacó que, en caso de que las exportaciones se vean gravemente reducidas debido a los aranceles, las empresas se verían obligadas a buscar mercados alternativos, lo cual no sería tarea fácil. Además, la caída de la demanda podría generar un stock excesivo de productos, lo que podría afectar la estabilidad del sector, al tener que redistribuirse los productos de manera que altere los flujos comerciales.
«Estamos en una dinámica de cambios constantes que nos dificultan nuestro día a día. Nos cuesta mucho más producir porque los costes de explotación no paran de subir, y además, nos encontramos con la visión de que abrir un nuevo mercado sea tan difícil», añadió Peris, quien destacó el reto adicional que representa la volatilidad de los precios y la competencia global.
En cuanto a productos específicos, el secretario general de Unió Llauradora cree que sería bueno incluir en la ista europea un arancel a la almendra de los Estados Unidos. La importación masiva de este producto, según Peris, podría afectar negativamente a los precios nacionales y a la competitividad de los productores valencianos. «En cambio, el aceite que exporta Andalucía a EE.UU. ahora se deberá redistribuir y veremos cómo afecta a nuestro producto que se vende a nivel nacional», explicó.
Por último, Peris no descartó que, a largo plazo, el consumidor final sea quien asuma los mayores costes derivados de los aranceles, lo que podría tener como consecuencia una caída en la demanda. «Sin ninguna duda, el consumidor va a ver asumido un incremento de los costes, pero también existe un riesgo de que esto provoque una caída grave de la demanda, lo que sumado a los aranceles conllevará un problema de doble dimensión», concluyó.