La investigación sobre el accidente ferroviario de Adamuz, que se ha cobrado la vida de 42 personas, ha dado este martes un paso crítico con el foco puesto en el material rodante. El Equipo Central de Inspecciones Oculares (ECIO) de la Guardia Civil ha centrado sus esfuerzos en el examen exhaustivo de los seis primeros coches del convoy de Iryo, prestando especial atención al vagón número 6. Los investigadores consideran este vehículo una pieza clave del puzle, al confirmarse que fue el primero en salirse de la vía el pasado domingo. Por este motivo, el instituto armado solicitó específicamente a Adif que el vagón no fuera movido del lugar del siniestro hasta completar una inspección milimétrica de sus bajos y ejes, una labor que los agentes de Criminalística están realizando sobre el propio terreno para detectar cualquier anomalía mecánica o marcas de rozadura inusuales.
El rastreo técnico busca determinar por qué el tren descarriló en un tramo recto mientras circulaba a una velocidad sensiblemente inferior al límite máximo permitido. Para ello, los expertos analizan con detalle el conjunto de ejes y ruedas, tratando de identificar si el origen del suceso reside en un defecto del carril o en un fallo estructural de la propia rodadura del vagón. Esta labor se complementa con el uso de perros adiestrados que han rastreado el interior y exterior de los convoyes en busca de evidencias para la identificación de las víctimas. Una vez concluida esta fase y descartada la presencia de más cuerpos en el interior, se procederá a despejar la vía, aunque la investigación técnica está lejos de concluir en Córdoba.
Pruebas de laboratorio en Madrid serán el siguiente paso para las piezas críticas del siniestro. La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ya ha anunciado que solicitará el traslado de parte de los trenes a la capital para someterlos a ensayos mucho más complejos. Esta comisión independiente, aunque integrada en la estructura de Transportes, quiere someter a examen de laboratorio los elementos de la rodadura del tren Iryo, especialmente los del vagón 6, para descartar o confirmar fatigas de materiales que no sean visibles a simple vista. Paralelamente, la CIAF ha requerido a Adif los registros de circulación de los dos días previos al accidente en Adamuz para comparar el comportamiento de otros convoyes en ese mismo punto geográfico.
La búsqueda de indicios sobre el estado de la infraestructura también ha llevado al Ministerio de Transportes a analizar el paso de los tres trenes que circularon por la zona apenas 20 minutos antes del choque. Aunque este primer rastreo en busca de huellas de desperfectos en la vía ha resultado infructuoso, los investigadores mantienen abiertas todas las hipótesis técnicas. Tras la inspección ocular, el proceso judicial y administrativo se centrará en la extracción de los registradores jurídicos o cajas negras de ambos trenes. Estos dispositivos serán fundamentales para conocer las conversaciones de los maquinistas y los parámetros exactos de velocidad y frenado en los instantes previos al impacto.
Cruce de datos técnicos será necesario para cerrar una investigación que, por el momento, ha descartado el fallo humano, de señalización o de suministro eléctrico. El objetivo final es dilucidar si el descarrilamiento fue consecuencia de una rotura súbita de la vía, un fallo intrínseco en la rodadura del tren de Iryo o una combinación fatal de ambas circunstancias. La complejidad del caso obliga a casar piezas que incluyen desde el estado del acero de los raíles hasta la integridad de los componentes del sistema informático de a bordo, en un esfuerzo conjunto entre la Guardia Civil y los técnicos de la CIAF por dar respuestas definitivas a las familias de las víctimas y asegurar la integridad futura de la red ferroviaria.


