Los millones de litros de arena que el Gobierno de España puso en el litoral sur de la ciudad de Valencia hace dos años, véase Pinedo y el Saler, para recuperar el ancho original de las playas han desaparecido. El cordón de dunas y cañas para regenerar el ecosistema, barrido por la fuerza de las olas. 35 millones disueltos en Y no solo por el actual temporal. Las anteriores borrascas lo vaticinaban. El plan de construir arrecifes artificiales llega tarde.
Ahora, el paso de la borrasca Harry por la Comunitat Valenciana está dejando un escenario meteorológico de extrema adversidad, caracterizado por efectos desiguales que combinan nevadas en las cotas altas del norte de Castellón con un temporal marítimo devastador en la franja costera. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha mantenido activas las alertas en todo el arco mediterráneo ante la formación de olas que han llegado a alcanzar los seis metros de altura, impulsadas por vientos de entre 55 y 70 km/h. Esta combinación ha provocado inundaciones en núcleos urbanos, la desaparición de amplios arenales y cuantiosos daños en infraestructuras públicas desde Peñíscola hasta el norte de Alicante. Mientras la costa sufre el embate del mar, el interior de Castellón enfrenta restricciones de tráfico por acumulación de nieve y hielo, lo que ha obligado a la Delegación del Gobierno a activar la fase de preemergencia en las carreteras del Estado, especialmente en el eje de la N-232 y la N-23a.
La situación en la provincia de Castellón se divide entre el riesgo por nevadas en comarcas como Els Ports y el Baix Maestrat y el impacto del oleaje en sus municipios turísticos. El Consorcio de Bomberos de Castellón ha movilizado unidades de quitanieves y saleros para actuar en el eje Torremiró-Fredes, dado que la cota de nieve se sitúa entre los 1.000 y 1.400 metros con previsiones de acumular hasta 10 centímetros en apenas 24 horas. Paralelamente, en Peñíscola, el avance del mar ha anegado calles y ha causado importantes desperfectos en el paseo marítimo, obligando al corte de varias vías urbanas. El Centro de Coordinación de Emergencias ha activado los planes territoriales y de inundaciones para responder a un episodio que la administración ha calificado como de «situación cero» en su procedimiento de nevadas.
El balance que comparten numerosos ayuntamientos valencianos que han visto cómo el mar engullía sus playas vulnerables es de un litoral destrozado. En Sagunt, el temporal ha golpeado con especial dureza las zonas de Corinto y la Malvarrosa, donde el agua ha inundado calles, parques y accesos rodados, obligando a los operarios municipales a crear cordones de arena de emergencia para frenar la entrada del agua en las viviendas. Más al sur, en El Perelló, el mar ha superado las infraestructuras costeras inundando el paseo marítimo en la zona del Socarrat, lo que ha llevado al consistorio a emitir bandos urgentes pidiendo a la población que no se acerque a la línea de costa ante el riesgo extremo que supone la fuerza del oleaje. Ya durante los meses posteriores a la dana de octubre de 2024 se recogieron toneladas de escombros del litoral valenciano.
La regresión costera se ha hecho evidente en municipios como Cullera, donde tramos de playa como el Marenyet prácticamente han desaparecido bajo el agua, obligando a reforzar defensas provisionales para proteger la carretera. En la Safor, la situación es crítica en Tavernes de la Valldigna; el mar ha avanzado hasta la mitad de la playa urbana y ha penetrado en la urbanización de la Goleta, desplazando pasarelas y mobiliario público. Esta zona, ya castigada en temporales anteriores, vuelve a poner sobre la mesa la demanda de soluciones estructurales urgentes. En Dénia, la playa del Blay Beach, que arrastra daños desde el temporal Gloria de 2020, ha vuelto a sufrir un duro castigo que ha agravado la degradación de un litoral que carece de espigones o protecciones marítimas efectivas.
Máxima vigilancia municipal es la consigna en localidades como Gandia, donde se ha cerrado la escollera de la playa Nord y se mantiene un dispositivo especial en la desembocadura del río Serpis y los barrancos ante el riesgo de desbordamiento por el aumento del nivel del mar. La borrasca Harry ha afectado también a los arenales de Daimús, Miramar, Bellreguard y Piles, dejando al descubierto la vulnerabilidad de las playas que no cuentan con defensas artificiales. Municipios como Oropesa del Mar, El Saler o Guardamar del Segura se suman a la lista de localidades que han amanecido con sus paseos destrozados y el agua alcanzando la primera línea de edificación, reavivando una reivindicación histórica sobre la necesidad de inversiones estatales para proteger la costa de punta a punta de la Comunitat Valenciana.
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