El autor del libro “Una década valenciana a la vanguardia”, Lluís Bertomeu, ha reflexionado sobre la evolución política de la Comunitat Valenciana durante los últimos diez años, subrayando la falta de una estrategia común entre las fuerzas políticas valencianas para defender cuestiones clave como la financiación autonómica, el Corredor Mediterráneo o el derecho civil valenciano.
Bertomeu ha señalado que, a diferencia de lo que ocurre en otras comunidades como Cataluña o el País Vasco, en la Comunitat Valenciana no se logra una defensa transversal de estos intereses mínimos compartidos. A su juicio, el tacticismo político y la elevada polarización impiden que los partidos actúen de manera coordinada, incluso cuando se trata de reivindicaciones fundamentales para el conjunto del territorio.
En este contexto, ha criticado que muchos responsables políticos valencianos pierdan capacidad de influencia al priorizar estrategias partidistas, recordando que influir desde dentro de las grandes estructuras políticas puede ser beneficioso para la defensa de los intereses valencianos. Según Bertomeu, la proliferación de partidos creados desde intereses individuales refleja también una pérdida de calidad de la clase política y dificulta la acción real sobre las decisiones que afectan a la ciudadanía.
El autor ha puesto el foco en la situación de Compromís, apuntando que la ciudadanía no comprende la división de sus representantes en distintos grupos parlamentarios. En este sentido, considera que Joan Baldoví podría haber ejercido una defensa más clara de los intereses valencianos al desmarcarse antes de SUMAR, aunque lamenta que se haya priorizado una estrategia ideológica que, en su opinión, ha restado fuerza al valencianismo político.
Bertomeu ha recordado que este verano de 2025 ha alcanzado su columna número 200 en La Vanguardia, culminando una década de artículos centrados en el valencianismo. Un periodo que, según ha explicado, coincide ahora con un nuevo ciclo electoral en el que la Comunitat puede volver a estar presente en el debate político, aunque con el riesgo de hacerlo “desde la barrera”.
En su análisis de la última década, ha repasado hitos como la caída de Isabel Bonig al frente del PPCV, la llegada del Botànic y el liderazgo de Ximo Puig, así como el posterior desgaste de sus socios de gobierno. Todo ello en un contexto en el que, ha denunciado, desde Madrid se observaba a la Comunitat Valenciana con una mirada reduccionista, asociándola únicamente a la corrupción.
Asimismo, Bertomeu ha denunciado una “miopía centralista” que identifica a Madrid como sinónimo de Estado, relegando al eje mediterráneo a una posición secundaria pese a su potencial económico y social. Esta visión, ha advertido, tiene consecuencias directas en forma de infrafinanciación, desprecio institucional y falta de inversiones.
Finalmente, el autor ha señalado que la actual etapa política debe centrarse en una gestión responsable tras la dana, reclamando a la oposición una actitud constructiva. En este escenario, ha considerado que el actual presidente tiene una oportunidad relevante por su perfil municipalista, su capacidad para desmarcarse de Vox en determinadas cuestiones y su arraigo valenciano. Bertomeu ha apuntado también que Juanfran Pérez Llorca emerge como una figura con recorrido político, en un partido que, tradicionalmente, ha priorizado el peso de los grandes ayuntamientos frente a los gobiernos autonómicos, lo que podría facilitarle un camino político más despejado.



