El Partido Popular ha echado el resto en un cierre de campaña en Aragón marcado por una notable radicalización del discurso y la presencia de figuras de la estética ultra para tratar de frenar el trasvase de votos hacia Vox. En un mitin conjunto en Zaragoza, Alberto Núñez Feijóo y Jorge Azcón se rodearon de agitadores como Vito Quiles y el grupo musical Los Meconios, quienes lanzaron duros ataques contra el Gobierno de Pedro Sánchez, en un intento desesperado por apelar al voto útil y evitar que una victoria de los populares este domingo quede supeditada a las exigencias de Santiago Abascal.
La estrategia de los populares responde a unos sondeos internos que muestran un estancamiento en los 28 o 29 escaños, una cifra insuficiente para gobernar en solitario y que contrasta con el fuerte ascenso de la extrema derecha, que podría duplicar su representación en las Cortes de Aragón. El propio Feijóo advirtió a sus simpatizantes de que acudir a las urnas bajo un estado de enfado no servirá de nada si el resultado final se traduce en un bloqueo institucional, consciente de que el adelanto electoral de Azcón podría derivar en una situación de dependencia absoluta de sus socios de coalición.
La jornada final en la capital aragonesa dejó momentos de gran tensión retórica cuando Quiles, invitado estrella del evento, insultó gravemente al ministro de Transportes, Óscar Puente, y utilizó calificativos como «autócrata» para referirse al presidente del Gobierno ante las bases de Nuevas Generaciones. Esta deriva hacia posiciones más extremas es vista por el entorno de Jorge Azcón como una respuesta necesaria a las corrientes de fondo que están movilizando al electorado derechista, especialmente tras el accidente ferroviario de Adamuz y el anuncio de la regularización extraordinaria de inmigrantes por parte del Ejecutivo central.
PSOE y Vox
Desde las filas del PSOE, Pedro Sánchez y Pilar Alegría han reaccionado a este cierre de filas del PP con la ultraderecha haciendo un llamamiento masivo a la movilización del voto progresista para evitar un gobierno de coalición entre Azcón y Abascal. Sánchez criticó duramente que el Partido Popular legitime a figuras que han formado parte de listas electorales de extrema derecha, asegurando que votar al PP es, en la práctica, facilitar la entrada de las tesis más radicales en las instituciones aragonesas, mientras que Alegría, visiblemente emocionada, recordó que cada voto que se quede en casa será un regalo para las derechas.
Por su parte, Santiago Abascal ha cerrado la campaña de Vox elevando el tono de su enfrentamiento con la Iglesia católica, llegando a acusar en Huesca a una parte de la jerarquía eclesiástica de «hacer negocio con la inmigración». El líder ultra puso el foco en organizaciones como Cáritas, tachándolas de cómplices de la inmigración ilegal por su apoyo a la regularización masiva de extranjeros, una medida que ha sido aplaudida públicamente por la Conferencia Episcopal Española y que Vox ha convertido en el eje central de sus ataques durante estos últimos días.
Este escenario deja a Aragón ante un domingo de gran incertidumbre donde la fragmentación del voto a la izquierda y el auge de los ultras a la derecha decidirán el futuro de Jorge Azcón. Mientras el PP confía en que su despliegue de dirigentes nacionales y su giro retórico hayan servido para contener la fuga de votos, el PSOE fía todas sus opciones a una participación masiva que castigue el acercamiento de los populares a las figuras más controvertidas del activismo radical.
Imagen: Feijóo y Azcón en un mitin de Huesca el pasado 4 de febrero (PP).


