El ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Andrés Romera ha analizado el reciente acuerdo alcanzado en materia de mantenimiento ferroviario, advirtiendo de las dudas que plantea su viabilidad real en ausencia de Presupuestos Generales del Estado (PGE). Según ha explicado, se trata de un pacto firmado con los sindicatos mayoritarios, aunque otros se han desmarcado, que contempla un incremento del 15% en las partidas de mantenimiento para el próximo año.
Romera ha detallado que las cifras que se manejan suponen una inversión aproximada de 100.000 euros por kilómetro y año, cuando en la actualidad se está destinando “apenas una tercera parte”. En este contexto, ha cuestionado cómo se podrá sostener este aumento presupuestario sin unas cuentas estatales aprobadas que respalden el compromiso.
El ingeniero ha señalado además que este refuerzo del mantenimiento no incluye la renovación integral de la infraestructura, pese a que una gran parte de los elementos se encuentran al límite de su vida útil. “Muchas de las traviesas están en una situación crítica y, según los datos, cerca del 80% de la línea necesita ser renovada”, ha indicado, subrayando que esta actuación supondría “inversión pura y dura” en la red de alta velocidad.
Romera ha denunciado que durante años no se ha invertido de forma suficiente ni en mantenimiento ni en renovación, ni tampoco en la mejora de los sistemas de comunicación. A su juicio, el sistema ha sido rentable desde el punto de vista económico, pero esos beneficios no se han reinvertido en la infraestructura, pese a las necesidades acumuladas con el paso del tiempo.
A ello se suma, según ha explicado, la entrada de nuevos operadores ferroviarios con material rodante más pesado, diseñado para rentabilizar al máximo cada viaje. Una circunstancia que, en su opinión, no fue prevista ni adecuadamente planificada por los responsables y administradores de la infraestructura, incrementando el desgaste de la red.
Más allá del ámbito ferroviario, Andrés Romera ha abordado la gestión del agua, reclamando un plan nacional que permita afrontar el problema de forma global. “El agua es de todos y necesita un enfoque general, porque si no nunca se solucionará la situación tan grave que pueden tener muchas cuencas”, ha afirmado.
Finalmente, ha advertido de que el agua será un bien cada vez más escaso en el futuro, lo que exigirá un uso racional y comprometido con el territorio, tanto para garantizar el abastecimiento como para prevenir y gestionar los problemas que puedan surgir derivados de su escasez.



