Trump prevé cuatro semanas de guerra contra Irán y contará con la ayuda de Reino Unido, Francia y Alemania

La guerra abierta en Oriente Medio ha entrado en una fase de desgaste prolongado tras la confirmación de las primeras bajas estadounidenses y la consolidación de una coalición europea que apoya la ofensiva. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha estimado en una entrevista con el diario Daily Mail que la intervención conjunta con Israel para derrocar al régimen iraní se extenderá durante «unas cuatro semanas», un plazo significativamente mayor a las operaciones relámpago que han caracterizado su mandato. Esta previsión coincide con un momento de máxima tensión en Teherán, donde la aviación israelí ha vuelto a bombardear «el corazón» de la capital, eliminando a la cúpula militar del país.

El apoyo internacional a la operación se ha reforzado con la decisión del Reino Unido, Francia y Alemania de cerrar filas con Washington. Mientras el primer ministro británico, Keir Starmer, ha autorizado el uso de sus bases militares para ataques contra depósitos de misiles iraníes, el presidente francés Emmanuel Macron y el gobierno alemán han reafirmado su compromiso con la coalición, ofreciendo sus recursos para asegurar el éxito de la misión. Aunque los países del bloque europeo subrayan que buscan «garantizar la estabilidad», su implicación logística pone a disposición de la aviación aliada una red de bases e inteligencia que estrecha el cerco sobre las infraestructuras estratégicas de la Guardia Revolucionaria.

En el epicentro del conflicto, Israel ha desvelado que su aviación lanzó la bomba definitiva contra el complejo de Teherán donde el ayatolá Alí Jameneí se encontraba reunido con sus altos mandos, mientras decenas de miles de personas lloran en las calles prometiendo venganza. Como respuesta simbólica y militar, una bandera roja luce ya en la cúpula de la mezquita de Jamkaran en Qom, mientras Irán lanza hasta cuatro oleadas de misiles contra territorio israelí que mantienen las sirenas en funcionamiento constante en ciudades como Tel Aviv y Haifa.

Primeras bajas en el bando estadounidense

La ofensiva ya se ha cobrado la vida del jefe del Estado Mayor iraní, Abdolrahim Mousavi, y del ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh, bajas confirmadas por los medios estatales que se suman a los más de 200 muertos reportados por la Media Luna Roja en las primeras 48 horas. Por su parte, el Pentágono ha confirmado la muerte de sus tres primeros soldados en combate, ante lo cual Trump ha amenazado con golpear «con una fuerza nunca antes vista» si Teherán no cesa sus ataques contra las 27 bases estadounidenses señaladas como objetivo en países como Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.

El despliegue de la aviación aliada se concentra ahora en desmantelar los almacenes de misiles balísticos y drones, utilizando la cobertura de las bases británicas cedidas por Starmer para operaciones de precisión. Los servicios de inteligencia occidentales estiman que, a pesar de la pérdida de sus líderes, las unidades periféricas de la Guardia Revolucionaria mantienen capacidad operativa suficiente para seguir hostigando las rutas comerciales del Golfo, lo que obliga a la coalición a mantener un ritmo de bombardeos ininterrumpido sobre centros de mando y control en 24 provincias.

Mientras la maquinaria bélica avanza, la situación humanitaria en Teherán y otras grandes urbes como Isfahán se deteriora rápidamente, con hospitales desbordados por los más de 700 heridos y una población civil atrapada entre el fuego cruzado. La comunidad internacional observa con escepticismo el plazo de «cuatro semanas» marcado por Trump, temiendo que la resistencia del sector más radical del régimen iraní convierta lo que se planeó como una intervención quirúrgica en una ocupación prolongada de consecuencias impredecibles para la economía global y el suministro energético.

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