La Comisión Europea ha enviado este miércoles un mensaje de firmeza sin precedentes al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tras sus amenazas de cortar el comercio y aplicar un embargo a España. El Ejecutivo comunitario ha advertido que cualquier ataque comercial contra un Estado miembro se considera una agresión contra todo el bloque de los 27, dado que las competencias en esta materia son exclusivas de la Unión. «La Comisión garantizará la plena protección de los intereses de la UE», ha avisado un portavoz oficial, subrayando que Bruselas está preparada para activar todas sus herramientas de defensa, incluida la imposición de aranceles compensatorios, si Washington ejecuta sus represalias contra el Gobierno de Pedro Sánchez por el veto al uso de las bases de Rota y Morón para sus operaciones militares contra Irán.
La solidaridad europea con España ha cristalizado en una intensa actividad diplomática que busca frenar la «coerción económica» sugerida por el magnate republicano. El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, y el presidente francés, Emmanuel Macron, han mantenido conversaciones telefónicas con Sánchez para trasladarle su apoyo incondicional y reafirmar el compromiso de la Unión con el derecho internacional. Este frente común surge después de que Trump, junto a un impasible canciller alemán Friedrich Merz, tildara a España de «socio terrible» en la Casa Blanca. Los líderes europeos insisten en que el mercado único es indivisible y que Estados Unidos no puede entablar batallas comerciales individuales con países miembros sin enfrentarse a la respuesta técnica y política de toda la organización. «Muy agradecido por las llamadas y mensajes de apoyo de Von der Leyen, Costa, Macron y otros aliados europeos». «No a la guerra. Sí al comercio, la cooperación y la prosperidad», escribió Sánchez en redes sociales.
En este contexto de máxima tensión, la vicepresidenta europea Teresa Ribera ha recordado que el comercio de la Unión «no se negocia por separado», invalidando cualquier intento de la Administración Trump de segregar a España del resto de socios transatlánticos. Ribera ha enfatizado que no es legalmente posible que un tercer país establezca represalias selectivas dentro del mercado común, una tesis respaldada por el comisario de Mercado Interior, Stéphane Séjourné. Por su parte, analistas del centro de estudios Bruegel alertan de que, aunque Trump intente emplear regulaciones de emergencia para un embargo específico, la interconexión de las cadenas de suministro actuales provocaría un daño colateral sistémico que la Comisión Europea no está dispuesta a tolerar bajo ningún concepto.
Solo «ruido»
A pesar de la gravedad de las amenazas, Bruselas mantiene la esperanza de que las palabras de Trump se queden en «ruido» político, como ha ocurrido en episodios anteriores relacionados con el gasto militar. El portavoz de Comercio, Olof Gill, ha abogado por mantener una relación transatlántica «predecible y mutuamente beneficiosa», recordando que el comercio entre ambas potencias está profundamente integrado. No obstante, el clima de desconfianza es absoluto, especialmente tras el varapalo del Tribunal Supremo de EE. UU. a la política arancelaria de la Casa Blanca, lo que ha dejado en el aire el acuerdo firmado el pasado julio que regulaba los gravámenes para los productos europeos y las compras de energía estadounidense.
El Ministerio de Asuntos Exteriores español, liderado por José Manuel Albares, ha coordinado esta respuesta en bloque para evitar que la crisis con Irán derive en un colapso de las exportaciones nacionales. El Gobierno confía en que la arquitectura legal de la UE sirva de escudo frente a la impulsividad de Trump, quien ya ha demostrado su voluntad de ignorar los tratados bilaterales si no se pliegan a sus exigencias estratégicas. La comparecencia prevista de Sánchez para mañana en La Moncloa se produce así en un momento de respaldo total por parte de las instituciones comunitarias, que han cerrado filas para evitar que el precedente español debilite la cohesión de la política comercial común europea.
La situación actual deja al descubierto la fragilidad del orden internacional basado en normas frente a la nueva doctrina de presión de Washington. Mientras los operadores económicos vigilan con nerviosismo la evolución de los precios del crudo y el gas, la batalla ahora se libra en los despachos de Bruselas y Washington para evitar una guerra comercial que nadie desea, pero para la que todos se están armando. La firmeza de España en el respeto al derecho internacional frente al conflicto en Oriente Medio ha colocado al país en el epicentro de un terremoto geopolítico cuya solución definitiva dependerá, en última instancia, de si la razón comercial acaba imponiéndose sobre la retórica de la confrontación militar.
Imagen: E. Macron.



