Crece el malestar entre los vecinos de L´Horta Sud por no poder llegar a la mascletà en tren a partir del 13 de marzo

El enfrentamiento dialéctico entre instituciones siempre tiene una víctima colateral: los ciudadanos. En este caso, los usuarios de un servicio público de Cercanías. La polémica por la movilidad en la semana grande de las Fallas ha derivado en un choque institucional abierto. Fuentes de Renfe han respondido con a las recientes declaraciones de la alcaldesa de València, María José Catalá, acusándola de «deslealtad a la colaboración institucional» por criticar una medida que, según el operador, fue solicitada por su propio equipo de gobierno. Ojo, no solo los falleros han mostrado su desencanto, también miles de personas que trabajan por la tarde.

La controversia gira en torno a la reorganización de los trenes de Cercanías, que no llegarán a la Estación del Norte entre las 13:00 y las 15:00 horas del 13 al 19 de marzo. Entre esas horas y esos días, los trenes dejarán de circular más allá de la estación de Albal. Esta medida impedirá que los vecinos de localidades de la Safor, la Ribera o l’Horta Sud puedan llegar en transporte público a la tradicional mascletà de las 14:00 horas en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia.

El impacto de esta decisión no solo afecta al ocio, sino que supone un grave perjuicio para los trabajadores con jornada de tarde. Cientos de empleados que dependen del tren para acudir a sus puestos en la capital verán interrumpido su trayecto habitual sin que se hayan habilitado soluciones alternativas. La interrupción del servicio en Albal se produce, además, sin la puesta en marcha de autobuses lanzadera o servicios especiales que conecten con el centro de Valencia, dejando a los usuarios sin opciones de movilidad pública durante esas dos horas clave.

La alternativa del vehículo privado se presenta prácticamente inviable debido a la configuración de la ciudad durante las Fallas. Con decenas de calles cortadas por la instalación de carpas y monumentos, los accesos a Valencia registran atascos kilométricos y una escasez de aparcamiento que hace del coche una opción poco operativa. Los usuarios afectados critican la falta de planificación en una semana donde la demanda de transporte público es máxima y la movilidad resulta esencial tanto para el disfrute de las fiestas como para el cumplimiento de las obligaciones laborales.

Postura de Renfe

El operador ferroviario justifica la medida basándose en criterios de seguridad pública. Según explican estas fuentes, la restricción del servicio durante las horas clave de la mascletà se ejecuta «una vez que se emiten los correspondientes informes policiales». Desde Renfe son tajantes: la decisión no es unilateral, sino que se ha tomado «siguiendo instrucciones del Ayuntamiento de València a instancias, por tanto, de la señora Catalá».

Dichos documentos instan a Renfe a tomar medidas para evitar el colapso de personas en el centro de la ciudad. «La decisión se toma de acuerdo con el Ayuntamiento y con las fuerzas policiales para evitar aglomeraciones y garantizar la seguridad de las personas«, insisten, señalando la contradicción en el discurso de la alcaldesa.

Renfe ha desmentido también la viabilidad de las alternativas propuestas a posteriori por el consistorio. Ante la crítica de Catalá, que ahora exige soluciones alternativas, fuentes de la compañía aseguran que la alcaldesa busca «quitarse de encima la decisión» y cambiar su propia petición, siendo «conocedora de que los autobuses no sirven» para este volumen de pasajeros.

El operador ha puesto las cifras sobre la mesa para ilustrar la inviabilidad logística: cada tren de Cercanías transporta unas 1.400 personas. Para suplir un solo convoy serían necesarios más de 20 autobuses. Dado que hay cuatro trenes afectados cada día en esa franja horaria, la operativa requeriría movilizar «100 autobuses cada día», algo que desde Renfe califican de «situación imposible de asumir» en pleno centro de València durante las Fallas.

Finalmente, Renfe ha revelado que, previendo la situación, solicitó en su momento que se reforzaran los servicios de la EMT y el transporte interurbano para ofrecer alternativas a los usuarios afectados. Una petición que, según denuncian las mismas fuentes, recibió la negativa por respuesta: «El Ayuntamiento de València se negó», sentencian, devolviendo la pelota al tejado del consistorio.

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