Vicente Julián García: ‘Las Fallas generan millones, pero los artistas no vemos ese dinero’

En el programa Mañana es tarde, conducido por Juanfran Barberá, se abordó una de las polémicas más actuales en torno al mundo fallero: el contraste entre el crecimiento de la fiesta y la situación real de los artistas. Las Fallas baten récords de visitantes, impacto económico y proyección internacional. Sin embargo, detrás de cada falla plantada en la calle, hay talleres que luchan por sobrevivir y profesionales que denuncian precariedad. Para profundizar en esta realidad, el programa contó con la voz del maestro mayor del gremio de artistas falleros, Vicente Julián García.

Desde el inicio, el planteamiento fue directo: ¿está creciendo la fiesta a costa de los artistas?

Sí. La salud de las comisiones ahora mismo es de 128.000 falleros, pero quienes realizamos el elemento principal de la fiesta somos los artistas falleros, y el relevo generacional no está garantizado”, afirmó Julián.

El contraste entre la imagen de éxito y la realidad de los talleres fue otro de los puntos clave. “Se ve la ciudad llena, el impacto económico, y eso se vende como éxito. Pero la realidad es completamente distinta cuando traspasas la puerta de un taller”, explicó.

Sobre la precariedad económica, el maestro mayor señaló que muchos artistas trabajan al límite: “Hay compañeros que reciben unos presupuestos y, por diversos motivos, al final no cuadran las cuentas”. Entre esos motivos, destacó el incremento constante de costes: “Desde que firmas hasta que plantas la falla, el incremento puede oscilar entre un 30%. Por ejemplo, el corcho ha subido un 17% y eso no lo asume la comisión, lo asume el artista”.

En cuanto al reparto económico, fue contundente: “Aquí todo el mundo gana dinero menos nosotros”. Y añadió: “Se generan 1.100 millones de euros en una semana y eso no repercute en los talleres”.

También denunció la falta de ayudas directas: “La única subvención directa que tienen los artistas es la del Ayuntamiento de Valencia, y solo para los que estamos en el municipio”. En este sentido, defendió la necesidad de proteger el oficio: “Somos patrimonio inmaterial de la humanidad, somos cultura y tradición. ¿Cómo no van a proteger un oficio que está en peligro de extinción?”.

Sobre el modelo actual de la fiesta, Julián evitó generalizaciones, pero fue claro: “Hay comisiones que apuestan por la falla, destinando un 40 o 50% del presupuesto. Pero hay otras que solo plantan algo para poder cortar la calle, montar la carpa y hacer fiesta. Y eso no son las fallas”.

En esa línea, advirtió de una deriva preocupante: “Nos estamos convirtiendo en una fiesta de fiesta, no en una fiesta de artesanos”.

El sacrificio personal que implica el oficio fue otro de los aspectos destacados: “No está pagado todo lo que sufrimos los artistas. La presión es brutal”. Y subrayó que afecta a todo el colectivo: “Da lo mismo que estés en sección especial que en octava. La presión la sufrimos todos”.

Ante la pregunta de si se vive o se sobrevive, su respuesta fue clara: “Depende de los talleres”.

Pese a todo, Julián cree que aún hay margen para revertir la situación: “Sí, estamos a tiempo, pero solo si las administraciones se sientan con nosotros y escuchan lo que realmente necesitamos”. De lo contrario, advirtió: “Pasará lo mismo que en la Ciudad del Artista Fallero: se quedarán cuatro talleres haciendo fallas”.

A quienes quieran iniciarse en la profesión, lanzó un mensaje prudente: “Que comiencen, pero que tengan muy claro su presupuesto y hasta dónde pueden llegar. Que no se dejen presionar”.

Sobre el reconocimiento social, fue rotundo: “No estamos suficientemente valorados. Y si no nos valoran las administraciones, ¿cómo vamos a pretender que lo haga la sociedad?”.

Finalmente, defendió la independencia del gremio frente a la política: “Nosotros no nos posicionamos ideológicamente con nadie. Cuando me reúno con un político no miro las siglas, solo valoro a quien de verdad quiere ayudarnos”.

La entrevista dejó una reflexión de fondo: sin artistas no hay fallas, y sin fallas, la fiesta pierde su esencia.

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