Baja el índice de pobreza en Argentina, pero el cálculo oficial no incluye a 17,2 millones de ciudadanos

Si no se contabilizan a las ciudades de menos de 100.000 habitantes, la economía de Argentina va como un tiro. Pero en las zonas rurales también viven varios millones de contribuyentes y la prosperidad urbana no alcanza a todos. La Oficina del Presidente ha anunciado una significativa reducción en los índices de pobreza e indigencia en Argentina durante el segundo semestre de 2024, basándose en los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Según el informe oficial publicado este lunes en la página web del Ejecutivo, la pobreza se redujo del 52,9% en el primer semestre al 38,1% en el segundo, mientras que la indigencia disminuyó del 18,1% al 8,2%. El gobierno atribuye esta mejora a las reformas económicas implementadas por el presidente Javier Milei, destacando la lucha contra la inflación, la estabilidad macroeconómica y la eliminación de restricciones económicas.

El gobierno actual sostiene que estos índices reflejan el fracaso de las políticas económicas previas, que «sumieron a millones de argentinos en la precariedad». Se enfatiza que la reducción de la pobreza es un objetivo central de su gestión, y que las políticas de libertad económica y responsabilidad fiscal son fundamentales para lograr una disminución sostenible de la pobreza a largo plazo.

Cifras con matices

Sin embargo, si analizamos más de cerca las cifras cabría matizar la euforia de la Casa Rosada. Según EFE, «el cálculo oficial tiene limitaciones, entre ellas, que solo incluye los 31 centros urbanos más poblados del país, lo que abarca a 29,8 millones de personas, sobre una población total en Argentina de unas 47 millones de personas».

Según el economista Leopoldo Tornarolli, investigador del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, 1 quien señala que «la medición cubre únicamente a ciudades de 100.000 o más habitantes, no capta ciudades pequeñas o áreas rurales, donde la estructura de la pobreza podría ser distinta».

Por otro lado, el INDEC mide la pobreza «solo en base a los ingresos declarados por los hogares que conforman su muestra y si éstos alcanzan o no para acceder a la cesta básica de alimentos y servicios, cuyo valor varía cada mes por la inflación».

En definitiva, la inflación ha mostrado una desaceleración en los últimos meses, lo que ha contribuido a la mejora en los ingresos familiares reales. Con todo, algunos expertos cuestionan la metodología de medición de la pobreza, argumentando que las canastas de consumo están desactualizadas y no reflejan adecuadamente los gastos actuales de los hogares.

Por último, el Observatorio de la Deuda Social (ODSA) de la Universidad Católica Argentina señala que el aumento en las tarifas de servicios públicos ha incrementado el peso de los gastos fijos en los hogares, lo que podría limitar el impacto de la mejora en los ingresos familiares reales en el consumo corriente.

Imagen: Zonas de cultivo de la Pampa (Pixabay).