El mundo observa con asombro los detalles de la operación militar más audaz de las últimas décadas, tras la confirmación oficial de que 150 aeronaves participaron en el bombardeo coordinado sobre Caracas. La incursión, que culminó con el arresto de Nicolás Maduro y Cilia Flores, ha derivado en el traslado inmediato de ambos a Nueva York, donde la justicia estadounidense espera procesarlos por cargos de narcotráfico y posesión de armas. El vacío de poder en el Palacio de Miraflores ha sido llenado rápidamente por una retórica de confrontación total desde la Casa Blanca.
Mientras los escombros aún humean en los centros de mando venezolanos, la incertidumbre sobre quién liderará el futuro del país ha generado un choque inesperado entre Washington y la oposición local. A pesar de que María Corina Machado, premio Nobel de la Paz, aseguró en sus redes que el movimiento democrático está «preparado para tomar el poder», el mandatario estadounidense ha enfriado cualquier expectativa de un traspaso de mando inmediato a las fuerzas civiles venezolanas, marcando una distancia sorprendente con sus aliados históricos en la región.
Durante su comparecencia ante los medios, el presidente Donald Trump lanzó una advertencia directa a los remanentes del chavismo que aún mantienen el control de algunas unidades militares, amenazando con una segunda oleada de ataques si se presenta cualquier tipo de resistencia. Con un tono de victoria absoluta, el republicano dejó claro que la intervención no terminará con la extracción de Maduro, sentenciando de forma tajante que «vamos a gobernar Venezuela hasta que haya una transición adecuada y segura» bajo la supervisión directa de su administración.
Este nuevo orden implica también un control económico total, ya que el presidente informó que las compañías estadounidenses se harán cargo de la industria petrolera del país de forma inmediata. Paralelamente, Trump sembró la duda sobre la cohesión del oficialismo al afirmar que la vicepresidenta Delcy Rodríguez se había puesto a disposición de Washington. Aunque Rodríguez apareció poco después en televisión nacional negando estas afirmaciones y asegurando que Venezuela «no va a ser colonia de ningún imperio», el secretario de Estado, Marco Rubio, evitó desmentir el contacto previo, limitándose a decir a The New York Times que los altos funcionarios venezolanos tendrán «oportunidades únicas e históricas de brindar un gran servicio al país».
La tensión se traslada ahora a los tribunales de Nueva York y a las refinerías del Caribe, mientras la comunidad internacional procesa la declaración de Trump sobre la falta de «apoyo y respeto» hacia Machado para liderar la transición. La Casa Blanca parece decidida a mantener un gobierno de ocupación o tutela directa, mientras Rodríguez insiste en que están «listos para defender a Venezuela y nuestros recursos naturales», a pesar de la captura del hombre que ocupó la presidencia durante la última década.
Imagen: El presidente estadounidense, Donald Trump, junto al secretario de Estado, Marco Rubio (izquierda) y el secretario de Guerra, Pete Hegseth (derecha). Casa Blanca / Daniel Torok



