El ingeniero de Caminos, Canales y Puertos Andrés Romera ha lanzado duras críticas sobre el estado de la infraestructura ferroviaria de alta velocidad en España y ha advertido, además, del riesgo hidrológico que afecta al río Duero en distintos puntos de Castilla y León.
“Me parece lamentable que una línea que se inauguró en 1992- en referencia a la que padeció el accidente de Adamuz– y ya tiene más de 30 años a sus espaldas, no se haya mantenido adecuadamente ni se haya renovado a tiempo”, afirmó el ingeniero.
Romera subrayó que los cerca de 700 millones de euros invertidos en su renovación proceden en su mayoría de fondos europeos, lo que —según él— evidencia una dependencia estructural de financiación comunitaria para acometer proyectos de regeneración de infraestructuras.
El ingeniero también cuestionó las pruebas realizadas antes de la puesta en servicio tras las obras. Según explicó, los recorridos de verificación se han efectuado a 200 kilómetros por hora, cuando contractualmente las operadoras deberían circular a 300 km/h.
“Creo que se va a mantener esa reducción de velocidad, puesto que la vía no está preparada para garantizar la velocidad máxima”, advirtió, sugiriendo que la limitación podría prolongarse si no se acometen mejoras adicionales.
Romera también se refirió a la situación hidrológica del Río Duero, alertando de un riesgo “claro” de desbordamientos no solo en Zamora, sino también en Toro. Según explicó, los embalses de la cuenca se encuentran al 85% de su capacidad y han tenido que desembalsar de forma periódica debido a las lluvias continuadas y a la acumulación de nieve en zonas de montaña.
“Son niveles que no hemos visto durante décadas. Hay riesgo claro de que se inunden ciertos puntos porque hay desbordamientos continuados”, aseguró.
El ingeniero fue más allá al cuestionar la política hidrológica actual. “No tenemos una política hidrológica adecuada que evite que se inunden poblaciones cuando hay grandes crecidas, ni un mantenimiento efectivo de las presas, que son espacios de seguridad”, afirmó.
Romera defendió la necesidad de reforzar la vigilancia tecnológica en infraestructuras críticas. “Existen sensores capaces de detectar grietas en las presas. Deben potenciarse para minimizar riesgos con un mantenimiento contundente. Además, la tecnología actual nos permite anticiparnos a posibles desgracias”, concluyó.



