Trump abre la puerta a una «toma amistosa» de Cuba ante el colapso económico de la isla

Donald Trump ha sacudido, otra vez, el tablero geopolítico al insinuar una posible «toma de control amistosa» de Cuba por parte de Estados Unidos. En unas declaraciones ofrecidas antes de poner rumbo a Texas, el presidente estadounidense ha revelado la existencia de contactos de «alto nivel» entre Washington y La Habana, liderados por el secretario de Estado, Marco Rubio, con el objetivo de forzar un cambio de régimen en la isla, a la que ha calificado como una «nación fallida».

Las palabras del presidente llegan en un momento de máxima fricción, apenas tres días después de que guardacostas cubanos matasen a cuatro tripulantes de una lancha procedente de Florida. Trump, lejos de elevar el tono belicista, ha centrado su discurso en la asfixia económica que padece el país caribeño, agravada por el bloqueo energético impuesto por su administración y la caída del régimen de Maduro en Venezuela, que ha dejado a la isla sin su principal suministrador de petróleo.

«Tienen un montón de problemas y ningún dinero. No tienen nada de nada ahora mismo, pero están hablando con nosotros», ha asegurado Trump, sugiriendo que la desesperación económica del Gobierno cubano podría facilitar una transición tutelada por EE. UU. Aunque La Habana no ha confirmado estos contactos, el republicano insiste en que la situación es crítica: «No tienen petróleo, no tienen comida y ahora mismo quieren nuestra ayuda».

Crisis en la isla

El enfoque de esta supuesta «toma amistosa» también tiene una lectura interna clave para el Partido Republicano. Trump ha hecho hincapié en que cualquier movimiento beneficiará a los exiliados cubanos en Florida, un caladero de votos fundamental, asegurando que muchos de ellos están «muy satisfechos» con los acontecimientos actuales y desean regresar a una isla libre de la influencia castrista.

Pese a la retórica de control, el mandatario ha vuelto a descartar una intervención militar directa similar a la ejecutada en Venezuela el pasado enero. Su estrategia parece fiarlo todo al colapso interno por falta de recursos y a una negociación económica donde Washington ostenta todas las cartas, buscando lo que él denomina como «algo muy positivo» para los intereses estadounidenses y la comunidad cubana en el exterior.

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