La guerra en Oriente Medio ha entrado en una fase de expansión regional crítica este lunes, con el conflicto desbordando las fronteras iraníes y alcanzando suelo de la Unión Europea. La confirmación del ataque con dron de la Guardia Revolucionaria contra la base militar británica de Akrotiri, en la isla de Chipre, supone un salto cualitativo en las hostilidades tras la decisión de Londres de ceder sus instalaciones para la ofensiva. Mientras tanto, el presidente Donald Trump ha advertido desde la Casa Blanca que el ejército estadounidense está «destrozando» las capacidades de Teherán y que la «gran ola» de la operación conjunta con Israel aún está por llegar. En cambio, la postura del Gobierno de España sigue apelando a la desescalada y la diplomacia. Además, Estados Unidos ha retirado sus aviones cisterna de la base de Morón al no obtener permiso para usarnos en la llamada Operación Furia Épica.
El balance de víctimas mortales se ha disparado hasta las 600 personas, de las cuales 555 corresponden a territorio iraní desde el inicio de la Operación Furia Épica el pasado sábado, según los últimos datos de la Media Luna Roja. La ofensiva no se detiene en las fronteras persas: Israel ha iniciado una campaña de bombardeos sistemáticos en Líbano contra posiciones de Hezbolá en respuesta al lanzamiento de cohetes, resultando en al menos 31 fallecidos en suelo libanés. En el interior de Irán, la capital sigue siendo el objetivo prioritario con 20 muertes recientes, mientras que la provincia sureña de Fars reporta otros 35 fallecidos bajo el fuego aliado.
En una comparecencia marcada por un tono de victoria, Donald Trump aseguró que la misión va «muy adelantada» respecto a las previsiones iniciales de su administración. Aunque el Pentágono manejaba un calendario de cuatro o cinco semanas, el mandatario subrayó que Estados Unidos tiene la capacidad de ir «mucho más allá» y mantendrá el ataque el tiempo que sea necesario para erradicar la amenaza. «Nos estamos asegurando de que el principal patrocinador del terrorismo nunca obtenga un arma nuclear», aseveró Trump, elevando a cuatro la cifra de soldados estadounidenses fallecidos en combate.
El presidente estadounidense también vinculó la actual ofensiva con décadas de hostilidad, mencionando al fallecido general Soleimani como responsable de ataques históricos contra tropas de EE. UU. Durante un acto de entrega de medallas a veteranos, Trump reiteró que su determinación es «fieramente inquebrantable» para aplastar al régimen terrorista. Además, justificó los ataques actuales alegando que Teherán ignoró las advertencias previas de no reconstruir sus instalaciones nucleares en nuevas ubicaciones tras los bombardeos sufridos el pasado mes de junio.
Opacidad
Por su parte, el frente diplomático y sucesorio en Irán permanece en la más absoluta opacidad tras la muerte del ayatolá Alí Jameneí. El presidente estadounidense admitió que Washington aún desconoce quiénes tomarán las riendas del poder definitivo: «No sabemos quiénes son los líderes ni a quién elegirán». Esta incertidumbre no ha frenado la capacidad de respuesta de la Guardia Revolucionaria, que ha mantenido sus lanzamientos contra bases militares estadounidenses en la región, cumpliendo la promesa de venganza simbolizada por la bandera roja izada en la mezquita de Jamkaran.
La implicación de potencias europeas como Francia y Alemania, junto al Reino Unido, ha creado un bloque sólido que busca desmantelar los almacenes de misiles balísticos y drones iraníes. Sin embargo, el ataque a la base de Akrotiri en Chipre introduce una variable de riesgo para la seguridad de la Unión Europea, elevando la presión sobre los líderes continentales. Mientras la «gran ola» prometida por Trump se prepara, la comunidad internacional observa con temor cómo la escalada militar transforma el mapa de alianzas y conflictos en todo el flanco oriental.


