Tengo cinco días para decidir mi futuro, el futuro de España, el futuro del mundo. Este asunto de Begoña ha alterado un poco las pulsaciones de mi frígido corazón, aunque he dicho que estoy muy enamorado de ella; obviamente sólo estoy enamorado de mí. ¿Quién me va a querer más que yo?
Soy el ejemplo vivo de la resiliencia; me sacaron a patadas del partido y ahora soy una deidad suprema ¿De quién depende la Fiscalía? ¿A quién hay que amnistiar? ¿Quién defiende en solitario a Palestina como Estado?
Podría liquidar a Begoña y solucionar el problema, pero su familia me mataría de hambre y vagaría por Moncloa durante 300 años como Sir Simon de Canterbury. Y, ahora que lo pienso, los fantasmas no se reflejan en los espejos… ¡Imposible! Que muera de inanición es una cosa, pero privarme de mi beldad masculina para toda la eternidad es un castigo demasiado duro.
Estoy nervioso, necesito un golpe de efecto para acallar a esa -como dice Bolaños- jauría que me ataca falsamente a través de mi mujer. Voy a ver si algo de cine me tranquiliza. He encontrado una película de Chaplin, bien, la comedia me relajará y me hará olvidarme de la ´fachosfera’. Algo me hace identificarme con el personaje, probablemente es porque he escogido ‘El gran dictador’; pero no, es feo, no me pega para nada, así no me tranquilizo.
Creo que voy a llamar al Fiscal General del Estado, él sí que me proporciona paz y sosiego. Los problemas siempre son menos con él a su lado.
Ya está, media horita y como nuevo, Alvarito es la leche, se acurruca en mi discurso paternal como sus rizos se retuercen sobre su cráneo. Me dice que no me preocupe por nada, que ha quedado con el juez de la causa de Begoña y que entre centolla y centolla le ha dicho que estos de Manos Limpias tienen las manos sucias.
Aclarado, el lunes me marco un Rubiales, digo que no dimito porque eso sería reconocer la culpabilidad de Bego y Santas Pascuas. ¡Qué sofoco, por un momento he visto cómo se marchitaban las hojas de laurel de mi corona! En fin, todo arreglado. A ver si hay suerte y este finde no me llama Mohamed.