Trump califica a España de «perdedora» mientras Israel la acusa de incumplir sus deberes con la OTAN

La tensión diplomática entre España y el eje formado por Estados Unidos e Israel ha alcanzado un nuevo punto crítico este jueves, en el sexto día de la guerra contra Irán. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha arremetido de nuevo contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez en una entrevista con el New York Post, donde ha llegado a calificar a España de país «perdedor» frente a otros socios que considera «ganadores». Trump ha advertido de que Washington no se comportará como un «buen compañero» con Madrid, en represalia por la negativa de España a ceder las bases de Rota y Morón para la ofensiva militar y por ser el único miembro de la Alianza Atlántica (OTAN) que votó en contra de elevar el gasto en Defensa al 5% del PIB. Sin embargo, otro rotativo extranjero, en este caso el británico Financial Times, asegura que Sánchez es la «némesis» de Trump en Europa y es el es «el único que se está enfrentando al presidente de Estados Unidos”. También advierte el artículo que es posible que el presidente español haya “llevado las cosas demasiado lejos”.

A este ataque dialéctico se ha sumado el presidente de Israel, Isaac Herzog, quien ha acusado al Gobierno español de practicar un «juego raro e incomprensible» que, a su juicio, supone abandonar sus obligaciones internacionales. Herzog ha contrapuesto la actitud de España con la «formidable coalición» que busca destruir lo que denomina el «imperio del mal» iraní, señalando que un miembro de la UE y de la OTAN debería haberse enfrentado hace tiempo a Teherán. Estas duras críticas llegan después de que el presidente Pedro Sánchez ratificara su postura de «no a la guerra», asegurando que España no será cómplice de un conflicto que no cuente con el respaldo de las Naciones Unidas.

Mientras el frente diplomático se recrudece, Trump ya diseña el futuro político de la región y ha declarado a Reuters que Estados Unidos se reservará un papel determinante en la elección del próximo líder de Irán. Tras la muerte del líder supremo Ali Jameneí el pasado sábado, el mandatario republicano busca asegurar a alguien «excelente para el país» para evitar tener que repetir una intervención militar en el futuro. Trump ha calificado como «opción improbable» a Mojtaba, hijo del difunto ayatolá, subrayando que el objetivo de la «Operación Furia Épica» es un cambio de régimen definitivo que desmantele la estructura de poder actual en Teherán.

En el terreno militar, el conflicto sigue una escalada imparable con una nueva oleada de ataques iraníes contra Israel, Catar y el Kurdistán iraquí, mientras Azerbaiyán denuncia la caída de drones en su territorio. Por su parte, el embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, ha vaticinado que la guerra durará «semanas o días», descartando que sea el momento de la diplomacia hasta que se logre desmantelar la «maquinaria del terror». Como muestra de la crudeza de la ofensiva, el ejército de Israel ha emitido una orden de desalojo inédita en cuatro barrios periféricos de Beirut, lo que anticipa una expansión de los bombardeos que ya afecta a decenas de miles de civiles.

Desmentido de Albares

El desmentido tajante del ministro José Manuel Albares sobre cualquier «cooperación militar» con Washington ha dejado a la Casa Blanca en una posición incómoda, tras el intento fallido de su portavoz por suavizar la crisis bilateral. Trump ha interpretado esta firmeza española como un acto de hostilidad, reforzando su amenaza de romper relaciones comerciales y diplomáticas. Irán, por su parte, ha advertido a la Unión Europea de que si mantiene su silencio ante la «brutal agresión» de EE. UU. e Israel, se convertirá en cómplice de los ataques y acabará pagando un precio por su inacción ante la vulneración del derecho internacional.

La jornada concluye con un escenario de ruptura total entre Madrid y sus aliados tradicionales en materia de seguridad, dejando a España en una posición de aislamiento dentro del bloque occidental liderado por Trump. El rechazo de Sánchez a ser «cómplice de una guerra» ha provocado una reacción en cadena que va más allá de lo militar, afectando a la reputación del país en el seno de la OTAN y poniendo a prueba la cohesión de la política exterior europea. Con el Estrecho de Ormuz bajo máxima tensión y el precio de la energía volátil, el «juego extraño» que Herzog reprocha a España se ha convertido en el principal foco de fricción en una comunidad internacional cada vez más fracturada.

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